EL JUEGO DE   “ IMAGÍNATE  QUE... ”

Jugar al “Imagínate que…” responde a una necesidad básica del niño: la de querer tener a sus padres siempre a su lado. Pero las relaciones entre el niño y las personas y cosas de su entorno cambian constantemente. Alrededor de los dos años, el niño ya no tiene a sus padres siempre cerca, como cuando era más pequeño, entonces intenta traerlos a su lado “imaginando que…”, por ejemplo, que es la mamá que ha ido de compras, o que él es el papá cavando en el huerto. 

El niño empieza también a querer hacer solo muchas cosas, incluso lo que no puede, así que los adultos se ven obligados a ponerle límites. Para aprender a aceptar los límites, el niño entonces hace jugando, lo que tiene prohibido. 

Cuando empieza a jugar al “Imagínate que…”, el niño necesita tener los objetos de verdad, o al menos, muy parecidos, para poder jugar, por ejemplo: la muñeca, el platito, el carro…Después, el niño irá aprendiendo a usar los objetos de otra manera, sin limitarse al uso del objeto real. Por ejemplo: la niña quiere jugar a las bailarinas, pero no tiene muñeca. Entonces agarra una mazorca de maíz, le pone una “falda” de papel, y dice que es su bailarina y la hace bailar. Para esto, ha tenido que utilizar su imaginación. 

Más tarde, el niño jugará al “Imagínate que…” incluso sin necesitar objetos. Se imagina que es el papá conduciendo un camión y hace los gestos y reproduce los sonidos correspondientes a esta acción. Este juego ayuda a los niños a desarrollar el pensamiento apoyado en las ideas y en las palabras. El niño aprende a pensar sobre una cosa, hablando sobre ella.

 Por ejemplo, habla sobre el carro y puede pensar muchas cosas sobre el carro: su color, cuántas ruedas tiene, cómo se mueve. 

El pensamiento apoyado en las ideas y palabras será muy importante en la escuela, cuando el niño va a aprender a leer y escribir. 

Después, los niños pasan a jugar no solamente a conducir un autobús, sino que reproducen las relaciones entre el conductor y el cobrador con los pasajeros, es decir, pasan a importarle no solamente las acciones, sino también las relaciones entre las personas. 

En el “Imagínate que…”, el niño aprende también, a aceptar reglas que el mismo juego le impone, porque al imitar lo que hacen los adultos, el niño va a adoptar actitudes y comportamientos más adelantados que los suyos. Por ejemplo: observando a dos niñas que juegan a la mamá y la hija y están en un lugar donde no hay más que un columpio. La “hija” quiso subir al columpio, y la “madre” se tuvo que quedar parada en tierra, empujando a su “hija” que no quería bajar del columpio. La niña que era la “madre” tuvo que adoptar un comportamiento de adulto, reprimiendo sus ganas de subir al columpio, aceptando reglas, que, a pesar de no explicarse abiertamente como en el juego del dominó, forman parte del juego y tienen que ser respetadas. 

En este juego el niño puede vivenciar también situaciones de miedo y angustia, para conseguir convivir con estos sentimientos. Ejemplo: niños de comunidades violentas, cuando juegan a policías y ladrones. El “Imagínate que…” es por lo tanto una actividad en la que el niño asume el papel del adulto, intenta hacer lo que él hace y, de esta forma, se enfrenta a la ausencia de los padres. En este juego intenta comprender también el significado de las actividades de los adultos, las relaciones que ellos establecen con otras personas, los valores y costumbres de su familia y del lugar donde vive. 

 Para el niño, cerca de la edad de los seis años, el juego del “Imagínate que…” es una de las actividades más importantes para su desarrollo.

Organizando el juego de “Imagínate que…” 

Si no se lo impiden los adultos, los niños juegan al “Imagínate que…”. La actitud principal del animador de juegos con relación a este juego, es organizar un local con juguetes, como muñecas, cacerolas, platitos, cucharas, muebles; ropas, zapatos y bolsas de adulto; carros, camiones; animales; bloques de construcción. Si los niños lo invitan, el animador de juegos participa con ellos en el juego. La organización de cajas con diferentes objetos y materiales también estimula y enriquece el juego del “imagínate que…”, porque permiten que el niño pueda inventar y jugar con ellos de varias maneras, desarrollando además la capacidad del niño de imaginar y crear.

Caja de las Sorpresas 

Meter en una caja materiales de desecho muy variados como: botellas, botes y jarras de plástico pequeñas y medianas, tapones, trozos de madera lisos y sin punta fina, trapos, carretes de hilo, cajas y todo lo que se consiga, para que el niño pueda imaginar y crear sus juegos y juguetes.

 ¡Atención!: Hay que tener mucho cuidado en la selección de estos objetos. Tienen que estar limpios y no ser peligrosos para los niños.

En las actividades con Juegos y Juguetes de la Pastoral da Criança, tenemos siempre a niños de distintas edades jugando juntos en un mismo espacio, de modo que todo cuidado es poco. Por ejemplo, objetos puntiagudos, de cristal, que tengan partes cortantes o muy pequeños NO SIRVEN. 

También conviene tener trozos de tela más grandes, cajas grandes de cartón vacías y periódicos, para que los niños construyan “cabañas”. 

Caja de los vestidos

 Meter en una caja ropas, zapatos, sombreros, bolsos, trozos de tela y otras cosas que usan los adultos y no sean peligrosas, para que los niños puedan manosearlas, vestirse como adultos o imaginarse príncipes, princesas, hadas, brujas, superhéroes. Con ellos, los niños pueden inventar sus cuentos, jugar al “Imagínate que…”. 

Caja de la naturaleza 

Meter en esta caja cosas de la naturaleza. Cada comunidad descubrirá lo que hay de interesante en el lugar. Las más corrientes de encontrar son: ramitas, piedrecitas, semillas, hojas, calabazas, habas.

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